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Fernando VII de Espa√Īa
« en: 17-Jun-2014, 19:20 »



Fernando VII de Espa√Īa


Fernando VII de Borb√≥n (San Lorenzo de El Escorial, 14 de octubre de 1784 - Madrid, 29 de septiembre de 1833), llamado el Deseado o el Rey Fel√≥n, fue rey de Espa√Īa entre marzo y mayo de 1808 y, tras la expulsi√≥n del ¬ęrey intruso¬Ľ Jos√© I Bonaparte, nuevamente desde diciembre de 1813 hasta su muerte, exceptuando un breve intervalo en 1823, en que fue destituido por el Consejo de Regencia.

Hijo y sucesor de Carlos IV y de Mar√≠a Luisa de Parma, depuestos por obra de sus partidarios en el Mot√≠n de Aranjuez, pocos monarcas disfrutaron de tanta confianza y popularidad iniciales por parte del pueblo espa√Īol. Obligado a abdicar en Bayona, pas√≥ toda la Guerra de Independencia preso en Valen√ßay, siendo reconocido como el leg√≠timo rey de Espa√Īa por las diversas juntas, el Consejo de Regencia y las Cortes de C√°diz.

Con la derrota de los ej√©rcitos napole√≥nicos y la expulsi√≥n de Jos√© Bonaparte, Napole√≥n le devolvi√≥ el trono de Espa√Īa (Tratado de Valen√ßay). Sin embargo, el Deseado pronto se revel√≥ como un soberano absolutista, y uno de los que menos satisfizo los deseos de sus s√ļbditos, que lo consideraban sin escr√ļpulos, vengativo y traicionero. Rodeado de una camarilla de aduladores, su pol√≠tica se orient√≥ en buena medida a su propia supervivencia.

Entre 1814 y 1820 restaur√≥ el absolutismo, derogando la Constituci√≥n de C√°diz y persiguiendo a los liberales. Tras seis a√Īos de guerra, el pa√≠s y la Hacienda estaban devastados, y los sucesivos gobiernos fernandinos no lograron restablecer la situaci√≥n.

En 1820 un pronunciamiento militar dio inicio al llamado trienio liberal, durante el cual se restablecieron la Constitución y los decretos de Cádiz, produciéndose una nueva desamortización. A medida que los liberales moderados eran desplazados por los exaltados, el rey, que aparentaba acatar el régimen constitucional, conspiraba para restablecer el absolutismo, lo que se logró tras la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis en 1823.

La √ļltima fase de su reinado, la llamada D√©cada Ominosa, se caracteriz√≥ por una feroz represi√≥n de los exaltados, acompa√Īada de una pol√≠tica absolutista moderada o incluso liberaldoctrinaria que provoc√≥ un profundo descontento en los c√≠rculos absolutistas, que formaron partido en torno al infante Carlos Mar√≠a Isidro. A ello se uni√≥ el problema sucesorio, sentando las bases de la Primera Guerra Carlista, que estallar√≠a con la muerte de Fernando y el ascenso al trono de su hija Isabel II, no reconocida como heredera por el infante Carlos.

Fernando VII ha merecido por parte de los historiadores un un√°nime juicio negativo, pasando a los anales de la historia de Espa√Īa como el Rey Fel√≥n.


1 Vida

Primeros a√Īos

Fernando de Borbón vino al mundo en vida de su abuelo Carlos III. Fue el noveno de los catorce hijos que tuvieron el príncipe Carlos, futuro Carlos IV, y María Luisa de Parma. De sus trece hermanos, ocho murieron antes de 1800. Tras la subida al trono de su padre en 1788, Fernando fue reconocido como príncipe de Asturias por las Cortes en un acto celebrado en el Monasterio de San Jerónimo de Madrid el 23 de septiembre de 1789.

Desde muy pronto, su formación fue encomendada al padre Felipe Scio, religioso de la Orden de San José de Calasanz, hombre modesto, culto e inteligente. Sin embargo, en 1795 es nombrado obispo de Segovia, y su puesto pasa a ser ocupado por el obispo de Orihuela, Francisco Javier Cabrera, que a su vez sería sustituido por el canónigo Juan Escóiquiz. Influido por este, creció aborreciendo a su madre y al favorito Manuel Godoy.

Ya desde muy joven, Fernando hab√≠a conspirado en contra de sus padres los reyes y de Godoy, alentado por su preceptor. En torno al joven pr√≠ncipe de Asturias se hab√≠a formado un n√ļcleo opositor formado por miembros de la alta nobleza, heredero del antiguo partido aragon√©s, que persegu√≠a la ca√≠da de Godoy. Las negociaciones impulsadas por el embajador franc√©s para que Fernando contrajera su segundo matrimonio con una dama Bonaparte coincidieron en 1807 con el empeoramiento de la salud de Carlos IV. El pr√≠ncipe de Asturias quer√≠a asegurarse la sucesi√≥n y anular al valido. Godoy y el partido fernandino tuvieron su primer enfrentamiento. Debido a una delaci√≥n, el mot√≠n fue descubierto y Fernando juzgado en lo que se conoce como el proceso de El Escorial. El pr√≠ncipe denunci√≥ a todos sus colaboradores y pidi√≥ perd√≥n a sus padres. El tribunal absolvi√≥ a los otros acusados, pero el rey, injusta y torpemente a juicio de Alcal√° Galiano, orden√≥ el destierro de todos ellos.


La primera llegada al trono y las Abdicaciones de Bayona

Poco despu√©s, en marzo de 1808, ante la presencia de tropas francesas en Espa√Īa (dudosamente respaldadas por el Tratado de Fontainebleau), la corte se traslad√≥ a Aranjuez como parte de un plan de Godoy para trasladar a la familia real a Am√©rica desde Andaluc√≠a si la intervenci√≥n francesa as√≠ lo requiriese. El d√≠a 17, el pueblo, instigado por los partidarios de Fernando, asalt√≥ el palacio del Pr√≠ncipe de la Paz. Aunque Carlos IV se las arregl√≥ para salvar la vida de su favorito, fue obligado a abdicar en favor de su hijo el d√≠a 19. Estos hechos son los que se conocen como Mot√≠n de Aranjuez. Por primera vez en la historia de Espa√Īa, un rey era desplazado del trono por las maquinaciones de su propio hijo con la colaboraci√≥n de una revuelta popular.

Fernando volvió a la corte, donde fue aclamado por el pueblo de Madrid. Sin embargo, las tropas francesas al mando de Murat ya habían ocupado la capital el día anterior, 23 de marzo.


Los monarcas con Napoleón

El depuesto rey y su esposa se pusieron bajo la protecci√≥n de Napole√≥n y fueron custodiados por las tropas de Murat quien, por su parte, albergaba esperanzas de ser encumbrado rey de Espa√Īa por el emperador. Sin embargo, sus planes eran otros. Envi√≥ a un colaborador de su m√°xima confianza, el general Savary, para que comunicase a Murat su decisi√≥n de otorgar el trono de Espa√Īa a uno de sus hermanos y para que llevase a Francia, poco a poco, a la familia real al completo y a Godoy. Fue Savary quien convenci√≥ a Fernando de la conveniencia de acudir al encuentro del emperador que viajaba de Par√≠s a Madrid, a lo que el rey accedi√≥ con la esperanza de que Napole√≥n le reconociese y respaldase como rey de Espa√Īa. En un principio, la entrevista deb√≠a celebrarse en Madrid, pero Napole√≥n, aduciendo asuntos imprevistos de gran urgencia, fue fijando lugares m√°s al Norte, para acortar el tiempo de viaje desde Francia: la Granja de San Ildefonso, Burgos, San Sebasti√°n... Finalmente, Fernando VII acudi√≥ a Bayona. El 20 de abril pas√≥ la frontera. Aunque a√ļn no lo sab√≠a, acababa de caer prisionero: fue el inicio de un exilio que durar√≠a seis a√Īos. Una prisi√≥n disimulada, en un palacio de cuyas inmediaciones no pod√≠a salir y con la promesa, siempre postergada, de recibir grandes cantidades de dinero. Carlos IV hab√≠a abdicado en Fernando VII a cambio de la liberaci√≥n de Godoy, y Napole√≥n le hab√≠a invitado tambi√©n a Bayona, con la excusa de conseguir que Fernando VII le permitiese volver a Espa√Īa y recuperar su fortuna, que le hab√≠a incautado. Ante la perspectiva de reunirse con su favorito e interceder a su favor, los reyes padres solicitaron acudir tambi√©n a dicha reuni√≥n. Escoltados por tropas francesas, llegaron a Bayona el 30 de abril. Dos d√≠as m√°s tarde, en Madrid, el pueblo se levantar√≠a en armas contra los franceses, dando lugar a los hechos del 2 de mayo de 1808, que marcan el comienzo de la Guerra de la Independencia Espa√Īola.

Entretanto, la situaci√≥n en Bayona estaba adquiriendo tintes grotescos. Napole√≥n impidi√≥ la llegada de Godoy hasta que todo estuvo consumado, de forma que no pudiese aconsejar a la familia real espa√Īola, que demostr√≥ ser sumamente torpe. A Fernando VII le dijo que la renuncia al trono de su padre, producida tras el mot√≠n de Aranjuez, era nula ya que se hab√≠a hecho bajo coacci√≥n, por lo que le exigi√≥ que le devolviese su trono. Su propia madre, en su presencia, le hab√≠a pedido a Napole√≥n que lo fusilase, por lo que le hab√≠a hecho a Godoy a ella y a su esposo. Napole√≥n oblig√≥ a Carlos IV a cederle sus derechos al trono a cambio de asilo en Francia para √©l, su mujer y su favorito Godoy, as√≠ como una pensi√≥n de 30 millones de reales anuales. Como ya hab√≠a abdicado anteriormente a favor de su hijo, consider√≥ que no ced√≠a nada. Cuando llegaron a Bayona las noticias del levantamiento de Madrid y de su represi√≥n, Napole√≥n y Carlos IV presionaron a Fernando para que reconociese a su padre como rey leg√≠timo. A cambio recibir√≠a un castillo y una pensi√≥n anual de cuatro millones de reales que nunca cobr√≥ en su totalidad. Acept√≥ el 6 de mayo de 1808, ignorando que su padre ya hab√≠a renunciado en favor del emperador. Finalmente, Napole√≥n otorg√≥ los derechos a la corona de Espa√Īa a su hermano mayor, quien reinar√≠a con el nombre de Jos√© I Bonaparte. Esta sucesi√≥n de traspasos de la corona espa√Īola se conoce con el nombre de abdicaciones de Bayona.

No se trataba solo de un cambio din√°stico. En una proclama a los espa√Īoles el 25 de mayo, Napole√≥n declar√≥ que Espa√Īa se encontraba frente a un cambio de r√©gimen con los beneficios de una Constituci√≥n sin necesidad de una revoluci√≥n previa. A continuaci√≥n, Napole√≥n convoc√≥ en Bayona una asamblea de notables espa√Īoles, la Junta espa√Īola de Bayona. Aunque la asamblea fue un fracaso para Napole√≥n (s√≥lo acudieron 75 de los 150 notables previstos), en nueve sesiones debatieron el proyecto preparado por √©ste y, con escasas rectificaciones, aprobaron en julio de 1808 la Constituci√≥n de Bayona, la primera de Espa√Īa.

Mientras tanto, Fernando VII vio c√≥mo el emperador ni siquiera se molestaba en cumplir su acuerdo e intern√≥ al antiguo soberano, junto con su hermano Carlos Mar√≠a Isidro y su t√≠o Antonio Pascual, en el castillo de Valen√ßay, propiedad de Charles Maurice de Talleyrand, Pr√≠ncipe de Benevento, antiguo obispo, entonces Ministro de Asuntos Exteriores de Napole√≥n, con el que tram√≥ el golpe de Estado que lo llev√≥ al poder. All√≠ los recibi√≥ el 10 de mayo. Valen√ßay era una propiedad r√ļstica junto a un pueblo de unos 2.000 habitantes, aislada en el centro de Francia, a unos 300 kil√≥metros de Par√≠s. Fernando permanecer√≠a en Valen√ßay hasta el final de la Guerra de la Independencia. Sin embargo, sus condiciones de cautiverio no fueron muy severas; el Rey y su hermano recib√≠an clases de baile y m√ļsica, sal√≠an a montar o a pescar y organizaban bailes y cenas. Dispon√≠an de una buena biblioteca, pero el infante don Antonio Pascual puso todos los impedimentos posibles para que no leyeran libros franceses que pudieran ejercer una mala influencia sobre sus j√≥venes sobrinos. A partir del 1 de septiembre de ese a√Īo, sin embargo, la marcha de Talleyrand y la negativa de Bonaparte a cumplir lo estipulado con respecto a sufragar sus gastos ‚ÄĒ400 000 francos anuales m√°s las rentas del castillo de Navarra en la Alta Normand√≠a‚ÄĒ, hicieron que su tren de vida fuera cada vez m√°s austero, reduci√©ndose la servidumbre al m√≠nimo.

Creyendo que nada se pod√≠a hacer frente al poder√≠o de Francia, Fernando pretendi√≥ unir sus intereses a los de Bonaparte, y mantuvo una correspondencia servil con el corso, hasta el punto de que √©ste, en su destierro de Santa Elena, recordaba as√≠ la actuaci√≥n del monarca espa√Īol:

    "No cesaba Fernando de pedirme una esposa de mi elecci√≥n: me escrib√≠a espont√°neamente para cumplimentarme siempre que yo consegu√≠a alguna victoria; expidi√≥ proclamas a los espa√Īoles para que se sometiesen, y reconoci√≥ a Jos√©, lo que quiz√°s se habr√° considerado hijo de la fuerza, sin serlo; pero adem√°s me pidi√≥ su gran banda, me ofreci√≥ a su hermano don Carlos para mandar los regimientos espa√Īoles que iban a Rusia, cosas todas que de ning√ļn modo ten√≠a precisi√≥n de hacer. En fin, me inst√≥ vivamente para que le dejase ir a mi Corte de Par√≠s, y si yo no me prest√© a un espect√°culo que hubiera llamado la atenci√≥n de Europa, probando de esta manera toda la estabilidad de mi poder, fue porque la gravedad de las circunstancias me llamaba fuera del Imperio y mis frecuentes ausencias de la capital no me proporcionaban ocasi√≥n".

Su humillaci√≥n servil le lleg√≥ al punto de organizar una fastuosa fiesta con brindis, banquete, concierto, iluminaci√≥n especial y un solemne Te Deum con ocasi√≥n de la boda de Bonaparte con Mar√≠a Luisa de Austria en 1810. Cuando el corso reprodujo la correspondencia que le enviaba Fernando en Le Moniteur, para que todos, en especial los espa√Īoles, vieran su actuaci√≥n, √©ste se apresur√≥ a agradecer con desverg√ľenza a su Emperador que hubiese hecho p√ļblico de tal modo el amor que le profesaba.

Sin embargo, la condici√≥n de prisionero de Napole√≥n cre√≥ en Fernando el mito del Deseado, v√≠ctima inocente de la tiran√≠a napole√≥nica. El 11 de agosto, el Consejo de Castilla invalid√≥ las abdicaciones de Bayona , y el 24 de agosto se proclam√≥ rey in absentia a Fernando VII en Madrid. Las Cortes de C√°diz, que redactaron y aprobaron la Constituci√≥n de 1812 no cuestionaron en ning√ļn momento la persona del monarca y lo declararon como √ļnico y leg√≠timo rey de la Naci√≥n espa√Īola.

Siguiendo el ejemplo de las Cortes de C√°diz, se organizaron Juntas de Gobierno provisionales en la mayor√≠a de las ciudades de los territorios en Am√©rica, las cuales comenzaron por desconocer la autoridad napole√≥nica para, posteriormente, aprovechar la situaci√≥n y declarar su independencia total del Imperio Espa√Īol, dando inicio as√≠ a las Guerras de Independencia Hispanoamericana.


El regreso de El Deseado

En julio de 1812, el duque de Wellington, al frente de un ej√©rcito anglohispano y operando desde Portugal, derrot√≥ a los franceses en Arapiles, expuls√°ndolos de Andaluc√≠a y amenazando Madrid. Si bien los franceses contraatacaron, una nueva retirada de tropas francesas de Espa√Īa tras la catastr√≥fica campa√Īa de Rusia a comienzos de 1813 permiti√≥ a las tropas aliadas expulsar ya definitivamente a Jos√© Bonaparte de Madrid y derrotar a los franceses en Vitoria y San Marcial. Jos√© Bonaparte dej√≥ el pa√≠s, y Napole√≥n se aprest√≥ a defender su frontera sur hasta poder negociar una salida.

Fernando, al ver que por fin la estrella de Bonaparte empezaba a declinar, se neg√≥ arrogantemente a tratar con el gobernante de Francia sin el consentimiento de la naci√≥n espa√Īola y la Regencia. Pero temiendo que hubiera un brote revolucionario en Espa√Īa, se avino a negociar. Por el Tratado de Valen√ßay de 11 de diciembre de 1813, Napole√≥n reconoci√≥ a Fernando VII como Rey, recuperando as√≠ su trono y todos los territorios y propiedades de la Corona y sus s√ļbditos antes de 1808, tanto en territorio nacional como en el extranjero; a cambio se aven√≠a a la paz con Francia, el desalojo de los brit√°nicos y su neutralidad en lo que quedaba de guerra. Tambi√©n acord√≥ el perd√≥n de los partidarios de Jos√© I, los afrancesados.

Aunque el tratado no fue ratificado por la Regencia, Fernando VII fue liberado, se le concedi√≥ pasaporte el 7 de marzo de 1814, sali√≥ de Valen√ßay el 14, viaj√≥ hacia Toulouse y Perpi√Ī√°n, cruz√≥ la frontera espa√Īola y fue recibido en Figueras por el general Copons ocho d√≠as despu√©s, el 22 de marzo. Respecto a la Constituci√≥n de 1812, el decreto de las Cortes de 2 de febrero de 1814 hab√≠a establecido que "no se reconocer√° por libre al Rey, ni por tanto se le prestar√° obediencia, hasta que en el seno del Congreso nacional preste el juramento prescrito en el art√≠culo 173 de la Constituci√≥n". Fernando VII se neg√≥ a seguir el camino marcado por la Regencia, pas√≥ por Gerona, Tarragona y Reus, se desvi√≥ a Zaragoza donde pas√≥ la Semana Santa invitado por Palafox, fue a Teruel y entr√≥ en Valencia el 16 de abril. All√≠ le esperaba el cardenal arzobispo de Toledo, Luis de Borb√≥n, presidente de la Regencia y favorable a las reformas liberales de 1812, y una representaci√≥n de las Cortes de C√°diz presidida por Bernardo Mozo de Rosales, encargado de entregar al rey un manifiesto firmado por 69 diputados absolutistas. Era el llamado Manifiesto de los Persas, que propugnaba la supresi√≥n de la C√°mara gaditana y justificaba la restauraci√≥n del Antiguo R√©gimen. El 17 de abril, el general El√≠o, al mando del Segundo Ej√©rcito, puso sus tropas a disposici√≥n del rey y le invit√≥ a recobrar sus derechos. Fue el primer pronunciamiento de la historia de Espa√Īa.

El 4 de mayo de 1814, Fernando VII promulgó un decreto, redactado por Juan Pérez Villamil y Miguel de Lardizábal, que restablecía la monarquía absoluta y declaraba nula y sin efecto toda la obra de las Cortes de Cádiz:

[...] mi real √°nimo es no solamente no jurar ni acceder a dicha Constituci√≥n, ni a decreto alguno de las Cortes [...] sino el de declarar aquella Constituci√≥n y aquellos decretos nulos y de ning√ļn valor ni efecto, ahora ni en tiempo alguno, como si no hubiesen pasado jam√°s tales actos y se quitasen de en medio del tiempo, y sin obligaci√≥n en mis pueblos y s√ļbditos de cualquiera clase y condici√≥n a cumplirlos ni guardarlos.

Modesto Lafuente (1869), Historia general de Espa√Īa, tomo XXVI, 2.¬™ ed.

Tras reponerse de un ataque de gota, el rey sali√≥ el 5 de mayo desde Valencia hacia Madrid. Hab√≠a nombrado capit√°n general de Castilla la Nueva a Francisco de Egu√≠a, absolutista ac√©rrimo, quien se adelant√≥ a la comitiva real y se encarg√≥ expeditivamente de organizar la represi√≥n en la capital, arrestar a los diputados docea√Īistas y despejar el panorama para la entrada triunfal del monarca. Detenidos los miembros de la Regencia, los ministros y los partidarios de la soberan√≠a nacional, el golpe de estado se consum√≥ en la madrugada del 11 de mayo con la disoluci√≥n de las Cortes exigida por Egu√≠a y ejecutada sin oposici√≥n por su presidente Antonio Joaqu√≠n P√©rez, uno de los firmantes del Manifiesto de los Persas.

El 13 de mayo, Fernando VII, que había permanecido en Aranjuez desde el día 10 a la espera de los acontecimientos, entró por fin en Madrid.


Reinado

Durante la primera etapa del reinado, entre los a√Īos 1814 y 1820, el rey restableci√≥ el absolutismo anterior al periodo constitucional. La tarea que aguardaba a Fernando era extremadamente compleja. Habr√≠a tenido que contar con unos ministros excepcionalmente capaces para poner orden en un pa√≠s devastado por seis a√Īos de guerra, pero apenas cont√≥ con un par de estadistas de cierta talla. La inestabilidad del gobierno fue constante, y los fracasos a la hora de resolver adecuadamente los problemas determinaron los continuos cambios ministeriales.

Durante la primera etapa del reinado, entre los a√Īos 1814 y 1820, el rey restableci√≥ el absolutismo anterior al periodo constitucional. La tarea que aguardaba a Fernando era extremadamente compleja. Habr√≠a tenido que contar con unos ministros excepcionalmente capaces para poner orden en un pa√≠s devastado por seis a√Īos de guerra, pero apenas cont√≥ con un par de estadistas de cierta talla. La inestabilidad del gobierno fue constante, y los fracasos a la hora de resolver adecuadamente los problemas determinaron los continuos cambios ministeriales.

Fue un periodo de persecución de los liberales, los cuales, apoyados por parte del Ejército, la burguesía y organizaciones secretas como la masonería, intentaron sublevarse varias veces para restablecer la Constitución. Por otra parte, a pesar de que Fernando VII había prometido respetar a los afrancesados, nada más llegar procedió a desterrar a todos aquellos que habían ocupado cargos de cualquier tipo en la administración de José I.

Durante el período desaparecieron la prensa libre, las diputaciones y ayuntamientos constitucionales y se cerraron las Universidades. Se restableció la organización gremial y se devolvieron las propiedades confiscadas a la Iglesia.

En enero de 1820 se produjo una sublevaci√≥n entre las fuerzas expedicionarias acantonadas en la pen√≠nsula que deb√≠an partir hacia Am√©rica para reprimir la insurrecci√≥n de las colonias espa√Īolas. Aunque este pronunciamiento, encabezado por Rafael de Riego, no tuvo el √©xito necesario, el gobierno tampoco fue capaz de sofocarlo y poco despu√©s, una sucesi√≥n de sublevaciones comenz√≥ en Galicia y se extendi√≥ por toda Espa√Īa. Fernando VII se vio obligado a jurar la Constituci√≥n en Madrid el 10 de marzo de 1820, con la hist√≥rica frase:

    ¬ęMarchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional¬Ľ.

Comenzó así el Trienio Liberal o Constitucional.

Durante el Trienio, se propusieron medidas en contra del absolutismo y se suprimen la Inquisici√≥n y los se√Īor√≠os. Sin embargo, aunque el rey aparentaba acatar el r√©gimen constitucional, conspiraba secretamente para restablecer el absolutismo (Regencia de Urgel; sublevaci√≥n de la Guardia Real en julio de 1822, sofocada por la Milicia Urbana de Madrid). Finalmente, la intervenci√≥n del ej√©rcito franc√©s de los Cien Mil Hijos de San Luis, bajo los auspicios de la Santa Alianza, restableci√≥ la monarqu√≠a absoluta en Espa√Īa (octubre de 1823). Se eliminaron todos los cambios del Trienio liberal; por ejemplo, se restablecieron los privilegios de los se√Īor√≠os y mayorazgos, con la √ļnica excepci√≥n de la supresi√≥n de la Inquisici√≥n.

Se inici√≥ as√≠ su √ļltima √©poca de reinado, la llamada D√©cada Ominosa (1823-1833), en la que se produjo una dur√≠sima represi√≥n de los elementos liberales, acompa√Īada del cierre de peri√≥dicos y universidades. La Real C√©dula de 1 de agosto de 1824 prohibi√≥ ¬ęabsolutamente¬Ľ en Espa√Īa e Indias las sociedades de francmasones y otras cualesquiera secretas. Al mismo tiempo se registraron levantamientos absolutistas instigados por el clero y por los partidarios del infante Carlos Mar√≠a Isidro, hermano de Fernando, que se perfilaba como sucesor.

Tambi√©n se consum√≥ la pr√°ctica desaparici√≥n del Imperio espa√Īol. En un proceso paralelo al de la Pen√≠nsula tras la invasi√≥n francesa, la mayor parte de los territorios americanos declararon su independencia y comenzaron un tortuoso camino hacia rep√ļblicas liberales (Santo Domingo tambi√©n declar√≥ su independencia pero poco despu√©s fue ocupada por Hait√≠). S√≥lo las islas caribe√Īas de Cuba y Puerto Rico, junto con las Filipinas, las Marianas (incluyendo Guam) y las Carolinas, en el Pac√≠fico, permanec√≠an bajo el dominio de Espa√Īa.

En 1829 una expedición partió desde Cuba con la intención de reconquistar México al mando del almirante Isidro Barradas. La empresa acabó finalmente derrotada por las tropas mexicanas.

Durante su reinado otorg√≥ entre t√≠tulos de Espa√Īa y t√≠tulos de Indias: 123 t√≠tulos nobiliarios, de los cuales 22 fueron Grandes de Espa√Īa.


Sucesión de Fernando VII

El 31 de marzo de 1830 Fernando promulg√≥ la Pragm√°tica Sanci√≥n, aprobada el 30 de septiembre de 1789, bajo Carlos IV pero que no se hab√≠a hecho efectiva por razones de pol√≠tica exterior. La Pragm√°tica establec√≠a que si el rey no ten√≠a heredero var√≥n, heredar√≠a la hija mayor. Esto exclu√≠a, en la pr√°ctica, al infante Don Carlos Mar√≠a Isidro de la sucesi√≥n, por cuanto ya fuese ni√Īo o ni√Īa quien naciese ser√≠a el heredero directo del rey. De esta forma, su hija Isabel (la futura Isabel II), nacida poco despu√©s, se ve√≠a reconocida como heredera de la corona, con gran disgusto de los partidarios de don Carlos, el hermano del rey.

En 1832, hall√°ndose el rey enfermo de gravedad en La Granja, cortesanos partidarios del infante consiguieron que Fernando VII firmara un Decreto derogando la Pragm√°tica. Con la mejor√≠a de salud del Rey, el Gobierno de Francisco Cea Berm√ļdez, la puso de nuevo en vigor. Tras ello, Don Carlos march√≥ a Portugal. Entre tanto, Mar√≠a Cristina, nombrada regente durante la grave enfermedad del rey (la heredera Isabel apenas ten√≠a tres a√Īos en ese momento), inici√≥ un acercamiento hacia los liberales y concedi√≥ una amplia amnist√≠a para los liberales exiliados, prefigurando el viraje pol√≠tico hacia el liberalismo que se producir√≠a a la muerte del rey. Fernando muri√≥ en 1833 sin hijos varones, hab√≠a tenido otra hija la infanta Luisa Fernanda. El infante don Carlos, junto a otros realistas que consideraban que el leg√≠timo heredero era el hermano del rey y no su hija primog√©nita, se sublevaron y empez√≥ la Primera Guerra Carlista. Con ello hizo su aparici√≥n el carlismo.


2 Semblanza del rey

Llano en el trato, Fernando VII era un hombre inteligente y astuto, que lleg√≥ a traducir del franc√©s la Historia de las Revoluciones de la Rep√ļblica Romana, del abad Ren√© de Vertot. Ten√≠a no obstante poca curiosidad y escasa altura de pensamiento. Todos los que lo conocieron certificaron su falacia, doblez, cobard√≠a y falta de inter√©s por los asuntos de Estado, que prefer√≠a abandonar en sus ministros. Sumamente introvertido, hablaba y re√≠a poco; si acaso, y como por excepci√≥n, para dejar de manifiesto su humor cruel. Sus aficiones eran de lo m√°s mundano y prefer√≠a rodearse de gente ordinaria y vulgar. Su mayor pasi√≥n eran los toros. Pese a todo, era un hombre cultivado, amante de la m√ļsica y el teatro, aficionado a la lectura y h√°bil guitarrista.

F√≠sicamente era robusto, pero poco agraciado y de salud d√©bil. Desde su juventud tuvo tendencia a la obesidad. Fumaba decenas de cigarros al d√≠a y com√≠a una cantidad excesiva de carne, en especial su plato favorito, el cocido. Incluso en su lecho de muerte, aquejado de gota, y ante la insistencia de los m√©dicos de que rebajara su consumo de carne, acept√≥ tomar s√≥lo sopa... pero de cocido. Padec√≠a macrosom√≠a genital y sus m√©dicos hubieron de fabricarle una almohadilla circular con un agujero central para que pudiera yacer con la Reina sin hacerle da√Īo.


3 Fernando VII y las artes y las ciencias

El rey Fernando VII tuvo la suerte de contar con buenos pintores y mantuvo el mecenazgo borb√≥nico hacia artistas como Francisco de Goya, Vicente L√≥pez Porta√Īa o Jos√© Madrazo. Seg√ļn Mesonero Romanos, a√ļn "acud√≠a en los √ļltimos d√≠as de su existencia, tr√©mulo y fatigoso, a la solemne repartici√≥n de premios de la Real Academia de San Fernando."

Apoyado por su segunda esposa, Isabel de Braganza, Fernando retomó la idea de José I de crear un Museo Real de Pinturas, y decidió convertir en tal el edificio que Juan de Villanueva había creado como Gabinete de Historia Natural. Gracias a su iniciativa y financiación personal nacía así el actual Museo del Prado, inaugurado en presencia del propio monarca y su tercera esposa el 19 de noviembre de 1819.

A pesar del supuesto deterioro de la ciencia espa√Īola y de la fuga de cient√≠ficos importantes durante su reinado, se deben a Fernando VII una serie de capitales iniciativas. En 1815 orden√≥ la restauraci√≥n del Observatorio Astron√≥mico, muy da√Īado durante la Francesada. Tambi√©n se reestructur√≥ en aquel tiempo el Real Gabinete de M√°quinas en el llamado Conservatorio de Artes.

Por otra parte, Fernando VII es el protagonista de algunas célebres novelas históricas, como Memoria secreta del hermano Leviatán (1988) de Juan Van-Halen y El rey felón (2009) de José Luis Corral.


4 Matrimonios y descendencia

Fernando VII contrajo matrimonio en cuatro ocasiones. En 1802 se casó con su prima María Antonia de Nápoles (1784-1806), hija de Fernando IV de Nápoles y María Carolina de Austria. María Antonia sufrió dos abortos, y no hubo descendencia.

En 1816 Fernando se casó en segundas nupcias con su sobrina María Isabel de Braganza, Infanta de Portugal (1797-1818), hija de su hermana mayor Carlota Joaquina y de Juan VI de Portugal. Dio a luz a una hija que vivió poco más de cuatro meses. Poco después, estando de nuevo embarazada, falleció. Modesto Lafuente dice que murió de un ataque de alferecía y fue el primero que se hizo eco de los rumores a que dio origen el suceso: hallándose en avanzado estado de gestación y suponiéndola muerta, los médicos procedieron a extraer el feto, momento en el que la infortunada madre profirió un agudo grito de dolor que demostraba que todavía estaba viva.

En 1819 se casó por tercera vez con María Josefa Amalia de Sajonia (1803-1829), hija de Maximiliano de Sajonia y Carolina de Borbón-Parma. No tuvieron descendencia.

Finalmente, en 1829, se cas√≥ con otra de sus sobrinas, Mar√≠a Cristina de las Dos Sicilias (1806‚Äď1878), hija de su hermana menor Mar√≠a Isabel de Borb√≥n y Francisco I de las Dos Sicilias. Tuvieron dos hijas:

  •     Isabel II (1830-1904), reina de Espa√Īa (1833-1868).
  •     Luisa Fernanda (1832-1897), infanta de Espa√Īa, casada con el duque de Montpensier.

5 Anecdotario

El monarca protagoniz√≥ numerosas an√©cdotas, algunas de las cuales han calado en el acervo popular espa√Īol:

  •     Seg√ļn P√©rez Gald√≥s en sus Episodios Nacionales, cuando Napole√≥n se hubo escapado de la isla de Elba y regresado a Francia, el ayuda de c√°mara, nervioso, no acertaba a vestir a Fernando para la reuni√≥n del gabinete convocada para tratar el problema, y el rey dijo: ¬ęV√≠steme despacio, que tengo prisa¬Ľ.
  •     Mesonero Romanos cuenta que, en 1818, con motivo de su visita a la Exposici√≥n P√ļblica de Industria Espa√Īola, cuando los fabricantes de telas catalanes le mostraron su g√©nero pidiendo medidas proteccionistas, el rey exclam√≥ "¬°Bah! Todas estas son cosas de mujeres". Y se fue a dar un paseo por el Retiro.
  •     El rey era un gran aficionado al billar, y sol√≠a jugar con los miembros de su camarilla. Estos, deseosos de agradar al soberano, procuraban siempre fallar sus golpes y hacer que las bolas quedasen en inmejorable situaci√≥n para que el monarca hiciese sucesivas carambolas. De ah√≠ proviene la frase hecha "As√≠ se las pon√≠an a Fernando VII".



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